Sobre la Reclusión del Filósofo

Dices “ me pides que me retire de la multitud y aleje de los hombres, que me mi propia ciencia me debería bastar; dónde están los consejos de tu escuela, que un hombre debe morir mientras se encuentra realizando activamente su trabajo”

Lo que respecta al curso, que al parecer te aconsejo tomar algunas veces, el propósito de recluirme y cerrar la puerta es para lograr a ayudar a la mayor cantidad de personas posibles. Nunca paso un día inactivo; incluso tomo algunas horas de la noche para los estudios.

No duermo sino hasta que debo, y cuando mis ojos están cansados de caminar y listos para cerrarse, los mantengo haciendo su tarea.

Me he alejado no solo de los hombres, sino de sus asuntos, y especialmente de mis propios asuntos; trabajo para generaciones futuras, escribiendo algunas ideas que les podrían ser de ayuda.

Hay algunos consejos ampliamente saludables, que se podrían comparar con la prescripción de algunas medicinas; estas son las que pongo por escrito; pues he encontrado que administradas a mis propias aflicciones, si no las han curado del todo, han ayudado a detener su propagación.

Dirijo a otras personas al camino correcto, que he encontrado tarde en la vida, cansado de deambular. Les digo: “evitar los placeres de las masas, eviten los regalos de la Suerte. Recibe cada regalo que la suerte te traiga con duda y temor; es de animales tontos y peces los que se dejar engañar por la tentación de la esperanza.

¿ Llamas a estas cosas ‘regalos’ de la Fortuna ? Son Trampas. Y cualquier persona que desee vivir una vida de seguridad, evitará estas trampas, con todo su poder. Pues somos sólo mortales y por eso podemos ser engañados, creyendo que los tenemos en nuestras manos, cuando las trampas son las que nos tienen en las suyas.

Esa carrera nos lleva por caminos apresurados, y la vida a tales alturas, termina en un precipicio. No podemos enfrentarnos contra la prosperidad cuando comienza a llevarnos a un sotavento, tampoco podemos descender. La Fortuna no nos inclina y voltea, — nos azota contra las piedras.

Apégate a esta regla de la vida— complace al cuerpo sólo hasta donde sea necesario para tener buena salud.

El cuerpo debe de ser tratado con rigor, y debe de ser obediente a la mente.

Come lo suficiente para saciar el hambre, bebe solo para apagar la sed, y viste sólo para evitar el frío. Qué tu casa sea sólo una protección contra el malestar personal.

Poco importa si una casa es construida con barro o con mármol multicolor; una persona se protege tan bien con paja que con un techo de oro. Desprecio todo aquello que se crea sólo como ornamento y objeto de belleza. Piensa que nada excepto el alma es digno de admirar; pues es el alma, si es grande, nada es grande.

¿ No crees que hago un mayor bien a mi mismo y las generaciones futuras de esa forma que cuando me presente como consejo en la corte, doy fé a un testamento, o brindo mi asistencia al senado ?

Créeme, que quienes parecen ocupados con nada, son quienes se ocupan de las tareas más grandes; tienen que resolver la mismo con temas mortales y inmortales.

Pero debo detenerme y brindar mi contribución, como es costumbre, para balancear esta carta. El pago no será de mi propiedad; pues aún me beneficio de Epicuro. Leo en su trabajo al-día la siguiente frase:

“Si quieres disfrutar una verdadera libertad, debes de ser un esclavo de la Filosofía. El hombre que se somete a si mismo a ella, no se le hace esperar. Es emancipado al instante”. Pues precisamente el servicio de la Filosofía es la libertad.
Seguramente me preguntarás porqué cito tanto las nobles palabras de Epicuro, en lugar de usar las de mi propia escuela. ¿ Existe alguna razón por las cuales no debas considerar las palabras de Epicuro como bien común ?

¿ Cuantos poetas no han dado ideas que repiten los filósofos ? No necesito entrar a las tragedias de los escritores de nuestra drama nacional. Estos se encuentran en un punto medio entre lo serio y mitad del camino entre comedia y tragedia. ¡ Que cantidad de versos quedan enterrados en la pantomima !

Cuantas palabras de Publilio son dignas de usarse por actores sobre-vestidos, al igual que personas con sandalias.

Citare uno de sus versos, que habla sobre la filosofía, particularmente la fase que recién discutimos, donde dice que los regalos de la Fortuna no debes de ser considerados nuestra posesión.

“No es propio lo que sea que haz ganado por codicia.”
Aún recuerdo que tu mismo haz expresado esta idea de forma mas alegre y concisa.

Lo que la fortuna te ha dado, no te pertenece
Y una tercera persona agregó

Lo bueno que se te ha dado, te puede ser arrebatado.
No contaré esta en tu cuenta de gastos, pues te lo he dado de tu propio inventario.

Hasta luego.

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