Continúa lo que haz comenzado, y apresúrate, para que puedas tener mayor dicha y una mente mejorada; una mente que esté en paz consigo misma.

Sin duda disfrutarás el tiempo que inviertas al mejorar tu mente; pero el placer que viene de la contemplación cuando tu mente está limpia de cualquier impureza que brilla.

También, sin duda recuerdas la felicidad que sentiste cuando dejaste a un lado tu ropa de niño y portaste la toga de un hombre; y fuiste escoltado al foro. Es mucho mayor la dicha de dejar la mente de un niño y cuando la Sabiduría te enlista entre los hombres. Ya que no es la infancia lo que se queda con nosotros, sino algo peor,— la infantilidad.

Esta condición es más seria ya que tendríamos la autoridad de la edad avanzada en combinación de las locuras de la infancia. Los niños tenemos la frivolidad, los infantes temen la obscuridad, nosotros tememos a ambas.

Lo único que necesitas hacer es avanzar; entonces entiendes que algunas cosas se deben de temer menos, precisamente por que nos inspiran un gran miedo.

Ningún mal es el último mal de todos. La muerte llega; sería algo que temer, si fuese algo que se quedará contigo. Pero la muerte no llegará; o llegará y pasará.

“Pero es difícil”, dices “llevar a la mente a un punto en donde pueda despreciar la vida”. Pero no ves las razones que impiden a las personas restar valor a la vida.

Uno se cuelga frente a la puerta de su amante; otros se tiran del techo porque no toleran la crueldad de sus amos; un tercero, para evitar el arresto, se clava una espada en las entrañas.

¿No crees que la virtud sería tan eficaz como el miedo excesivo? Ninguna persona puede tener una vida pacífica si piensa demasiado en extenderla, ni creer que vivir sirviendo como consul por términos es una gran bendición.

Práctica esto cada día, para que puedas partir de esta vida en paz: muchos hombres se aferran a la vida, como aquellos que les arrastra el río, se aferran a ramas espinosas o piedras afiliadas.

La mayoría de las personas fluyen entre el miedo a la muerte y las dificultades de la vida; carecen del deseo de vivir plenamente, y al mismo tiempo no saben como morir.

Por esto, haz que la vida sea plenamente agradable para ti al expulsar toda preocupación por ella. Ninguna cosa buena puede traer felicidad a su poseedor, al menos que su mente esté en paz con la posibilidad de perderle; sin embargo, nada se puede perder con menos incomodidad que aquello que cuando se pierde, no se le echará de menos.

Así, llena tu espíritu de coraje y fortalécelo contra los desfortúnios que afligen hasta las personas más poderosas.

Por ejemplo, el destino de Pompeyo fue dictado por un niño y un eúnco, la de Craso por un cruel e insolente Partano. Cayo Caesar le ordenó a Lépido dejarse decapitar por Codio; y él mismo ofreció su garganta a Casio Quera.

Ninguna persona ha avanzado tanto gracias a Fortuna, sin que ella misma no amenazara tanto como le hubiese indultado. No confíes en su aparente calma; en un momento el mar es movido hasta sus profundidades. El mismo día que los barcos hicieron su triunfal aparición en los juegos, son engullidos.

Piensa que cualquier bandido o enemigo puede cortar tu garganta; y que incluso si no es tu amo, incluso cualquier esclavo tiene el poder la vida y la muerte sobre ti.

Por eso te digo: La persona que desprecia su vida, es amo de la tuya. Piensa en todos aquellos que han perecido por complots dentro de sus propias casas, asesinados abiertamente o con astucia; debes saber que tantos han sido asesinados por esclavos furiosos como por reyes furiosos.

¿Qué importa entonces, qué tan poderosa sea la persona a quién temes, cuando todos poseen el poder de inspirar lo que realmente temes? Dirás, “pero, si caes en manos del enemigo, el conquistador ordenará que seas eliminado,” — si, te enviará a donde te diriges de todos modos.

¿Por qué te engañas voluntariamente y quieres que se te diga ahora por primera vez cuál es el destino bajo el que haz vivido todo este tiempo? Toma mi palabra por hecho: desde el día que naciste, te diriges hacia la muerte.

Si deseamos permanecer con calma mientras esperamos nuestra última hora, debemos meditar sobre todos estos pensamientos que nos restan paz.

Debo terminar mi carta. Déjame compartir contigo una frase que me complace hasta el día de hoy. Esta frase también la tomé de otra persona:

“La pobreza que te lleva a la conformidad con las leyes de la naturaleza, es una gran riqueza”
¿Sabes qué dicta la ley del orden natural para nosotros? Meramente evitar la hambruna, la sed y el frío. Para eliminar el hambre y la sed no es necesario pagar tributo a los orgullosos, o someterse a los de gran autoridad, ni humillarse a la caridad; las necesidades provee para sus propias necesidades y siempre están a la mano.

Son las cosas superfluas y sin importancia por las que las personas se preocupan,— las cosas que desgastan nuestras togas, que nos forzan a volvernos viejos en el campamento, y nos orillan a costas extranjeras.

Aquello que es suficiente está siempre al alcance de nuestras manos. Aquel que alcanza paz y bienestar en la pobreza, tiene una fortuna.

Hasta luego.

Deja un comentario