Si, sigo sin cambiar mi opinión: evita a los muchos y a los pocos; evita incluso a una sola persona.

No conozco a alguien con quien estaría dispuesto a que te compartieras. Y observa que buena opinion tengo de ti; pues me atrevo a confiarte a ti, contigo mismo.

Decían que un día, Crates el discípulo de Estilpón (y el mismo que mencione en mis cartas anteriores) noto a un hombre caminando por si mismo. Cuando

Crates le preguntó: “Qué haces caminando sólo?”
El hombre respondió “No estoy sólo, camino conmigo mismo.”
a lo que Crates dijo: “Entonces ten cuidado, que vas en compañía de un mal hombre”
Cuando las personas están de luto, o temen algo, estamos acostumbrados a mantenerlos al tanto de ellas, buscando prevenir que hagan mal uso de su soledad, cometiendo alguna tontería.

A ninguna persona, sin pensamientos, se le debería dejar sola. Si llegara a suceder corremos el riesgo que planea algo negativo para sí misma o los demás. Comienza a atender sus deseos negativos; su mente comienza a mostrar los miedos o ideas que normalmente reprime. Agita sus pasiones y provocan la ira.

Por último, se pierde el único beneficio de la soledad: el hábito de confiar en nadie y temer ningún testigo; pues se traiciona a sí mismo.

Por atención en mis deseos para ti:

No conozco a ninguna otra persona con quien preferiría que te asociaras que contigo mismo.
Recuerdo la forma energética y plena con la que proclamaban ciertas frases, llenas de fuerza. Me felicité de inmediato y dije: “Estas palabras fueron dichas a la ligera, tienen un fundamento sólido. Este no es un hombre de las masas, se ocupa en verdad por su bienestar”.

Habla y vive de esta forma:

Cuida que nada baje tu moral. Puedes dejar de esperar a que los dioses respondan tus viejas oraciones; mejor ofrece unas nuevas.

Ora por una mente centrada y buena salud, primero del alma y después del cuerpo. Y claro que debes ofrecer esas oraciones frecuentemente. Llama con valentía y audacia a Dios; no estarás pidiendo algo que le pertenece a alguien más.

Como es costumbre, envió un pequeño regalo con esta carta. Es una verdad que he encontrado de Atenodoro:

“Sabrás que eres libre de todo deseo cuando tus pides nada a Dios”
¡ Que tontos son las personas estos días! Susurran los oraciones más básicas al cielo; si alguien las está escuchando, permanecen el silencio. Lo que no quieren que otras personas sepan, se lo dicen a Dios.

¿ No crees que este es un buen consejo ?

“Vive entre las personas como si Dios te viera; habla con Dios como si las personas te escucharan.”
Hasta luego

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